Recuerdos de ascensiones, expedición al Pico 7 de Ansilta

Por Weni Sanchez

Hace un par de años -un poco agobiados de trabajar varios meses en la construcción de casa- luego de que pasara el invierno y ya entrada la primavera, decidimos con Gabi hacer una visita a alguna montaña en la zona de Barreal · San Juan, que tanto nos gusta.

La idea fue tratar de combinar un poco de escalada en roca con alguna ascensión a alta montaña que tienen esos condimentos tan necesarios como el viento, el frío, amaneceres y atardeceres de ensueño, el compartir y el contemplar; y nada mejor para reunir todo esto, en alguna montaña de La Cordillera de Ansilta.

Habíamos visto en algunas fotos de amigos, y otras imágenes satelitales de la quebrada del Arroyo Salado, donde desemboca el Glaciar Frías del Pico 7 de Ansilta, un afloramiento de agujas de granito de excelente calidad.

Tras organizar el equipo y la comida, y contando con un pronóstico del tiempo prometedor, sólo nos quedaba llegar a Barreal y luego llegar hasta el cruce de río de la Estancia Rio Blanco.

Nuestro medio de Transporte en ese momento era un viejo Peugeot del año 85, que sólo nos permitiría llegar hasta Barreal. Mi papá estaba en el pueblo y podía llevarnos hasta el río Blanco, pero no iba a poder buscarnos a la vuelta, ya que tenía un viaje programado, por lo cual decidimos cargar las bicicletas en el Peugeot. Una bici era buenísima, tenía cambios y suspensiones, la otra por lo menos los frenos andaban bien.

Una vez dejadas las bicis escondidas tras grandes jarillas, cruzamos el río Blanco sin mayores inconvenientes, ya que en octubre todavía su caudal no resulta peligroso, y llegamos a la Estancia, donde estaba Juan “el Indio” Herrera. 

Juan a vivido por años en ese lugar, solo, con la compañía de sus perros y caballos. Cada tanto algún familiar sube con provisiones, pero a él le gusta poco bajar al pueblo. La cordillera guarda estas personas que tienen grandes y simples lecciones que enseñarnos, aislados, humildes y sencillamente en feliz armonía.

Tras unos mates y algunos consejos sobre la poca marcada senda, nos cargamos las mochilas y empezamos a caminar. Tras dos días de aproximar instalamos un campamento desde donde ambos proyectos quedaban accesibles ¡La quebrada hermosa! Como todas las que conocemos de Ansilta, con cientos de guanacos, huellas de pumas y pumitas, chinchillones, cóndores y la bella flora altoandina luchando por sobrevivir a tal hostil condiciones.

Tras llegar al último campamento, el primer día hubo una tormenta, con algo de nieve; al siguiente día el viento sopló fuerte, y el tercero decidimos salir hacia la cumbre del Pico 7 por el Glaciar Frías con algunas ráfagas fuertes de madrugada que fueron amainando con el correr de las horas una vez que el sol calentó. Tras unas siete horas estábamos en la cumbre, con un mediodía muy tranquilo y vistas hermosas. 

Una vez abajo, pusimos los fierros y el resto del material para escalada tradicional en las mochilas. La tarde era tranquila, y con unos mates y un monocular elegimos la aguja a la que iríamos y la posible línea del día siguiente.

Amaneció tranquilo y despejado y luego de dos horas de aproximar, llegamos a la base de la Aguja, la escalada fue buenísima. El granito era de altísima calidad, el sol ya calentaba la roca y cada largo se ponía más y más bueno. Ese día escalamos unos 250 metros con dificultades de hasta 6c, sumadas a escalar en la altura, donde cada tanto algún paso te deja hiperventilando. Le pusimos a la aguja el nombre de Nico, un gran amigo, y a la vía la llamamos Alegría.

Descendimos por la quebrada en dos días, siguiendo de bajada otra vez la huella de los pumas, cruzamos el río y nos subimos a las bicis. Nos dimos cuenta de lo bien que nos hubieran venido un par de alforjas o parrillas en las bicis para no cargar en la espalda las mochis por la huella. Tras unas 5 horas de bici, una vez saliendo del cañadón de Las Caletas, una camioneta de Hidráulica de Mendoza nos levantó ¡Y así llegamos a Barreal! con unos kilos menos que dejamos en la altura, como siempre, con la nariz quemada por el frío y una sonrisa enorme de la vuelta a casa.

 

 

 

 

 

Fuente fotografías: http://www.andeslimite.net/search/label/cordillera%20de%20Ansilta