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Vencer el miedo
AALMA Ansilta

Vencer el miedo

Vivimos en una sociedad donde no muchos se animan siquiera a mencionar que alguna vez hemos sentido miedo. Pareciera ser que la falta de miedo nos hace más valientes, más fuertes. Nos hace ser mejores personas. Solo pareciera.  
 

¿Cómo vamos a tener miedo? Desde que somos chicos nos enseñan a rechazar el miedo. Nos indican que no debemos tener miedo. Que tenerlo es de cobarde. Nos indican que el miedo es de los débiles y que nosotros debemos ser fuertes. Así vamos por la vida ocultando nuestros miedos y poniendo una coraza que no nos permite mencionar que tememos por algo. Esa falaz valentía nos aleja de ser lo que deseamos ser, pues ponemos frenos y escudos antes de tiempo.


 

Lo cierto es que si vamos a una de las definiciones de miedo de la RAE, vemos que el miedo es el “Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. Basados en esa definición el miedo es propio de los que “hacen”. De los que hacemos.
 

Yo sí tengo miedo, y como he dicho varias veces, tengo tantos miedos, salvo el miedo a decir que tengo miedo. Creo que el miedo nos hace más humanos. Muestra nuestra vulnerabilidad, propia del ser humano, pero también nos da la señal de que nos estamos moviendo. De que estamos haciendo. Cuando uno decide hacer algo, teme que le suceda algo contrario a lo que desea.
 

Si llevamos el miedo a la naturaleza, el miedo también nos da señales de responsabilidad. De movernos con precaución. De estar atentos frente a los riesgos. Muchas veces como fotógrafo de naturaleza he temido. Es que meterse en lugares inhóspitos para encontrar la mejor foto, nos hace asumir riesgos. Es allí donde el miedo nos ayuda a salvarnos. Nos pone un freno a nuestras locuras. Nos dice por allí no, o al menos por allí no, si no estamos preparados. 


 

La sociedad nos lleva a avanzar. A no detenernos. A no ser amigo de los fracasos. Pero la naturaleza, al contrario, muchas veces nos pone límites sensatos, y el retroceder no es un fracaso sino una nueva oportunidad. 
 

¿Sos alpinista? ¿Has estado en la montaña? ¿Has sentido el frío de la soledad en la altura? Seguro que sí. Y me atrevo a decir entonces que en lo más profundo de tu ser me comprenderás, y me aceptarás alguna vez haber temido por tu vida. Y si no fue por tu vida, quizás hayas sentido alguna vez el temor de estar perdido. Muchas veces las personas creemos que perdernos se debe a perder la conciencia por algún motivo, pero quien anda en la inmensidad de la naturaleza, el perderse puede ser uno de los mayores riesgos y peligros y es consciente que ese miedo es protección, por tanto lo respeta y le obedece. No ya como una limitación o signo de debilidad, sino más bien como un acto de responsabilidad de una mente fría y consciente de lo que sucede.
 

No temamos a ser humanos. Temamos solo a aquello que nos pone límites sensatos. No dejemos que el miedo nos detenga, pero si escuchémoslo para ser responsables.
 

La naturaleza me ha enseñado mucho y me sigue enseñando. Antes creía que el miedo era de cobardes. Hoy estoy convencido que el miedo es solo de valientes. De aquellos que se animan a romper barreras. 
 

Algún día tuve miedo por cambiar de carrera. Por dejar de ser abogado para ser fotógrafo de naturaleza. Por dejar de tener la vida organizada, para pasar a crear y construir mi propio camino. Miedo que pude vencer, al menos de a ratos, pues volviendo a la definición del miedo, sigo teniendo “aprensión a que me suceda algo contrario a lo que deseo”. Hay un única manera de vencerlo, y eso es animándose. 
 

Hoy me animo a ser quien deseo ser. A poner los riesgos sobre la mesa, atenderlos, resolverlos y vencerlos. 
 

¿Vos queres vencer tus miedos? Empeza por reconocerlos y saberte vulnerable.
 

Tomás Thibaud
 

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