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Mi experiencia en la IFSC Climbing World Cup - Por Maca Sánchez
Team Ansilta

Mi experiencia en la IFSC Climbing World Cup - Por Maca Sánchez

Hace algunos meses viví una experiencia soñada: tuve la oportunidad de participar en una de las fechas de la Copa del Mundo de Escalada, en la modalidad dificultad. Ya había tenido el privilegio de participar en dos Copas Sudamericanas, pero esta vez el aire se sentía diferente. Casi dos meses antes de la fecha del evento, me dieron la noticia: gracias a mi clasificación en el Nacional del 2024, tenía mi lugar asegurado en el circuito mundial.


En ese momento estaba en España, así que decidí que Madrid sería mi punto de partida. La preparación fue un desafío en sí mismo: entre 35 grados de calor, el ir y venir constante en trenes, subtes y colectivos, tuve que aprender a fluir con el ritmo de la ciudad. Lo más fascinante fue poder entrenar en esos muros increíbles, diseñados con una variedad de vías que parecen interminables. Fue, lejos, la parte más divertida de toda esta aventura.

Pero a medida que se acercaba la fecha, la realidad empezó a cambiar. Los nervios aparecieron, sobre todo cuando, de repente, empecé a cruzarme en los entrenamientos con figuras que, hasta hace poco, solo veía a través de las pantallas de YouTube o seguía en redes sociales. Personas que admiro y que abren las vías de roca más difíciles del planeta estaban ahí, a metros de mí, compartiendo el mismo espacio.


El día de la competencia fue una montaña rusa emocional. Era difícil ordenar mis pensamientos: por un lado, sentía el peso de la magnitud del evento; por otro, el síndrome del impostor me susurraba bajito. ¿Realmente merezco estar aquí?, me preguntaba, comparando mi trayectoria con la de los gigantes que me rodeaban. Pero entonces, vi la celeste y blanca en mi espalda y me enfoqué en la realidad: estaba ahí por mérito propio, representando a mi país una vez más.


Un segundo antes de salir a la pared, se me hizo un nudo en la garganta. Pero, así y todo, salí. Escalé con convicción, cumplí mis objetivos y, honestamente, me tomó unos días caer en la cuenta de lo que realmente me había animado a hacer.
Esta experiencia fue un aprendizaje enorme. Entendí que, aunque todavía hay una brecha que cerrar entre el nivel de competencia regional y el circuito mundial, el camino es el entrenamiento constante y la perseverancia. No hay atajos: solo trabajo duro y fuerza de voluntad.


Hoy comparto esto con un solo propósito: que mi experiencia sirva de empujón. Si estás ahí dudando sobre si animarte a ese objetivo grande, a ese proyecto que te da miedo, mi consejo es que vayas igual. El miedo siempre va a estar: es parte de la escalada y de la vida. Pero la recompensa de intentarlo es lo que realmente nos hace crecer.


¿Vas? ¡Venga!
 

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